Psicóloga Rasia Friedler: el pueblo judío se valió del humor para sobrellevar las más duras circunstancias

09/May/2012

CCIU, Copredi

Psicóloga Rasia Friedler: el pueblo judío se valió del humor para sobrellevar las más duras circunstancias

Estar siempre alegre es un gran precepto, decía el rabino Najman de Breslav, uno de los principales exponentes del jasidismo quien tuvo una vida llena de obstáculos. Reír hace bien, es el resumen de una idea mucho más compleja que expone la psicóloga Rasia Friedler, fundadora y directora de SaludArte, una organización que se dedica a la promoción de la salud a través del arte y el humor.

Friedler destacó el programa «Jarabe de risas» desarrollado con pacientes hospitalizados quienes «han sido beneficiados» con esta manera de mitigar el sufrimiento que causa la enfermedad. A continuación la entrevista que Friedler mantuvo con Copredi: – ¿Cómo y cuándo surgió la idea de crear SaludArte? – En la década del ´90 (del siglo XX), cuando trabajaba como psicóloga en el ámbito hospitalario, percibía que el foco de la atención asistencial estaba dirigido fundamentalmente hacia los órganos afectados y al proceso de enfermedad de los pacientes más que a la persona como un ser integral. A esto se agregaba un fenómeno creciente de deshumanización y mercantilización en el campo de la salud. Por último, la atención asistencial resultaba estresante para el personal, porque a las presiones, la escasez de recursos y problemas asociados, se sumaban tomas de decisión límite y factores de riesgo psicosocial que afectaban su salud, sin que contaran con espacios de contención emocional para los equipos.

Sentí entonces la necesidad de alejarme de un enfoque meramente curativo hacia una visión preventiva y de promoción de salud que reubicara a la persona como centro. Me interesaba buscar y desarrollar nuevas metodologías de intervención. En ese momento tuve la oportunidad de conocer el trabajo de Operação-Arco Íris de San Pablo, una organización sin fines de lucro que llevaba alegría a niños, niñas y adolescentes internados en hospitales públicos por medio del arte del clown.

Supongo que, dada mi pertenencia a un pueblo milenario que ha cultivado el humor en las más duras circunstancias (el pueblo judío) esa experiencia tuvo una fuerte resonancia en mí. Al ver a esos payasos hospitalarios me vinieron a la mente los entrañables tontos de Jélem, que encontraban las preguntas y respuestas más disparatadas para las grandes dudas existenciales.
Fue así como, en 1999 me propuse crear un grupo, que al tiempo se convirtió en una fundación, con el fin inicial de contribuir a convertir los centros asistenciales en lugares más acogedores para sus usuarios y trabajadores, mejorando la calidad de vida de los pacientes a través del arte y el humor, cuidando también de los cuidadores. También nos propusimos promover la salud en el campo educativo y comunitario a través de metodologías artísticas participativas e innovadoras.

En nuestro país, SaludArte fue una iniciativa que estaba en sintonía con otras que se estaban desarrollando en otros lugares del mundo. En aquel entonces ya existía en nuestro país el grupo Ser, que desarrollaba un programa de humor hospitalario con niños internados en el Centro Hospitalario Pereira Rossell. SaludArte también trabajó en dicho hospital, diferenciándose de este grupo por trabajar con adultos, y por abarcar un espectro más amplio de metodologías y de campos de acción.

Además de nuestras prácticas en salas de internación, realizamos ciclos de espectáculos dirigidos a pacientes, acompañantes y personal de salud en el anfiteatro del Pereira Rossell. Nuestro programa «Jarabe de risas» se implementó también en el Hospital Maciel y en el Hospital de Clínicas, y actualmente lo estamos desarrollando en el área de Pediatría del Casmu. También realizamos otros programas en el campo educativo y comunitario, tales como «Juntos y diferentes», «Arte en comunidad», «Animarnos», entre otros, en coordinación con otras organizaciones, entidades e instituciones, sensibilizando a la población sobre temas relacionados con la salud y facilitando procesos de transformación desde un enfoque lúdico, positivo y vivencial. – ¿Qué es SaludArte? ¿En qué consiste el trabajo que ustedes realizan? – SaludArte es una fundación que promueve la salud a través de prácticas humorísticas, lúdicas y artísticas, desde una visión que jerarquiza el factor humano y la interacción social para liberar el potencial creativo de la sociedad. A través de nuestras acciones y programas, contribuimos a cambiar una visión sanitaria centrada en la enfermedad que privilegia la asistencia sobre la prevención, la enfermedad sobre el ser humano.

Con este enfoque nos aproximamos a las personas desde su ángulo más vital, tomamos contacto con su fuerza y su imaginación. Promovemos el auto-cuidado, el cuidado mutuo y la responsabilidad de la población por su salud a través de encuentros humanos significativos y espontáneos, con el objetivo de prevenir, mitigar y/o superar los factores que influyen en la producción y reproducción del sufrimiento. En fin, fomentamos la capacidad de cuidar, disfrutar y respetar la vida propia y ajena en toda su diversidad y plenitud. – ¿En qué ayuda SaludArte a la persona que padece una enfermedad física o emocional? – La ayuda a expresar sus sentimientos, emociones y pensamientos de forma imaginativa, creativa y humorística, le permite entender lo que le sucede y al mismo tiempo sentirse plenamente viva y presente en el aquí y ahora. La conecta la magia y la alegría de su niño interior. Esto aporta confianza y autoestima, lo cual es de gran importancia para la salud mental y física.

Tanto el arte como el humor disminuyen la ansiedad y el sufrimiento generados por la enfermedad, promoviendo cambios esperanzadores, integradores y positivos. De esa forma ayudan a las personas a convertirse en sanadoras de sí mismas, a estar más abiertas a las distintas posibilidades que les puede ofrecer la vida.

El arte y el humor también son factores protectores de los cuidadores o profesionales sanitarios que trabajan diariamente con el dolor humano. Algo hermoso de esta tarea es que nos permite vivir muchos momentos de emoción, ternura y alegría en el encuentro humano, ante lo cual nuestra gratitud brota espontáneamente. En lo que hacemos buscamos siempre la empatía, la sensibilidad, el contacto y la belleza en el más amplio y diverso sentido de la palabra. – ¿Es el paciente un receptor pasivo o participa activamente con ustedes de su proceso de recuperación?

– El paciente participa activamente en su proceso de recuperación a través de las propuestas imaginativas. En SaludArte partimos de la base de que todos somos capaces de expresar, jugar y crear, y que esas facultades pueden ser estimuladas y desarrolladas. Es precisamente en esa posibilidad de crear en el marco de un encuentro humano cálido y significativo donde reside la fuerza transformadora de nuestras prácticas. Es como si construyéramos un mundo más luminoso y alegre dentro del pequeño mundo de cada uno.

Nos planteamos nuestra tarea en términos positivos de autogestión de la salud, de resiliencia, cuidado, fortalecimiento de la autoestima y no desde la carencia o la imposibilidad. Nuestra sociedad a veces margina a quienes padecen una enfermedad o tienen una discapacidad, y este enfoque les ayuda a afirmar su dignidad, aumentar su interacción social y mejorar su calidad de vida. Por último, el arte permite proyectar conflictos internos y de esa forma brinda a la persona la posibilidad de elaborarlos. – ¿Para qué tipo de patologías se recomienda la «terapia» de SaludArte? – Si bien sabemos que a menudo nuestras acciones producen efectos terapéuticos, no las definimos como terapia sino como «prácticas de la alegría», cuyo objetivo es la promoción de salud, es decir, facilitar procesos que permitan a las personas incrementar el control sobre su salud y mejorarla. De esta forma contribuimos a promover estilos de vida saludables que permiten a la gente desarrollar y potenciar sus capacidades. Este enfoque, en la medida que favorece el crecimiento personal y fomenta la autoestima, es apto para cualquier persona, más allá de su estado de salud. – ¿Cuáles son las diferencias con una terapia psicológica tradicional? – Como decía anteriormente, nuestra estrategia de intervención se orienta hacia la protección y promoción de la salud, y hacia la optimización de los recursos personales y comunitarios. Con ello buscamos que los individuos se tornen más competentes en el cuidado de su salud y en la prevención de riesgos y daños. Si bien nuestras prácticas producen efectos terapéuticos, no están planteadas como una psicoterapia, entendida como un proceso que involucra un psicoterapeuta y un sujeto que presenta un trastorno mental o un sufrimiento psíquico definido.

La psicoterapia psicológica sigue ciertas pautas de sistematización, frecuencia, duración y encuadre específicas y previamente determinadas. Nuestros métodos, si bien también permiten contrarrestar el sufrimiento, resignificar el dolor, desarrollar el autoconocimiento, mejorar la salud y la calidad de vida, no obedecen a las mismas pautas y condiciones que se plantean en una psicoterapia tradicional. – En su sitio web afirman que ustedes se basan, entre otras, en las enseñanzas del jasidismo. ¿En cuáles específicamente? – Hay un dicho que dice: «más que sanarse para poder reír, hay que reír para poder sanarse». Desde los comienzos del siglo XVIII, el jasidismo fue una fuerza central en la vida judía de Europa Oriental. Su enseñanza fundamental era la alegría, el entusiasmo, el canto, la danza, el humor y la humildad. Las narraciones jasídicas se destacan por su brevedad y simplicidad. En el origen del jasidismo está Baal-Shem-Tov (también llamado Besht) que transmitió un mensaje de afirmación gozosa de la vida a los judíos que vivían en condiciones muy penosas. Cuentan que una vez un joven acudió al rabí Salomón y se quejó de que sufría un mal nervioso. -Tu melancolía es la responsable- dijo el rabí- Alégrate y te curarás. Esa idea de las cualidades terapéuticas de la alegría y, sobre todo, de la espontaneidad y el encuentro humano es clave en nuestra concepción de la salud. Es también el fundamento de la sociometría y psicoterapia del médico judío Jacob Levi Moreno, creador del psicodrama y del teatro de la espontaneidad, valiosas metodologías con las cuales trabajamos. – ¿Cómo se relaciona su trabajo con el de los «médicos payasos» como Patch Adams? ¿Cuáles son las similitudes y cuáles las diferencias?

– Nuestro trabajo hospitalario es muy similar al de Patch Adams, si tomamos como referencia lo que se aprecia en su famosa película. Al igual que Patch, en nuestro programa «Jarabe de risas» tomamos a la persona singular como punto de partida, con sus necesidades, posibilidades y características específicas, aproximándonos a través del arte del clown, la música, la inocencia, el juego y la imaginación creativa. Por parte del paciente sólo se requiere dejarse llevar por el juego imaginativo y vivir el momento. Por parte del clown, dejar que fluyan sus sentimientos, conectarse con su propia vulnerabilidad, dejar aflorar la capacidad de asombro y percibir lo que lo une al otro, más allá de las diferencias – ¿Cura la risa? ¿En qué ayuda? ¿Qué puede solucionar?

– Más que a la risa, le atribuyo un gran valor transformador al humor. La risa puede ser un efecto del humor, pero también puede estar vinculada a la ironía, al sarcasmo, al cinismo, que no son precisamente indicadores de salud mental ni es a lo que apuntamos. La línea que divide a lo cómico de la agresión puede a veces volverse muy delgada, por lo cual nuestra tarea se basa ante todo en el respeto. ¿En qué ayuda el humor? Facilita la expresión de las emociones y la elaboración psíquica, ayuda a auto-observarse y a distanciarse de los problemas, sin negarlos. También permite pasar de algo disimuladamente absurdo a algo que lo es abiertamente restituyendo la complejidad de la situación. No basta con cambiar un punto de vista por otro, sino que es preciso aceptar la posibilidad de que existan varios a la vez. Al ver los propios desaciertos desde esa nueva óptica, se inhibe el efecto ridículo o condenable de los mismos.

El sentido del humor produce bienestar psicológico y aumenta la autoestima. A diferencia de las personas que sufren alteraciones del humor o de la afectividad (depresión y/o euforia), las personas con buen humor tienen una actitud flexible ante la vida. La risa, como respuesta fisiológica del humor, provoca efectos catárticos y procesos de relajación general de los músculos del cuerpo. También regula el ritmo cardíaco, baja la presión arterial y mejora la inmunidad. El buen humor es un factor protector de la salud. – Actualmente las nuevas tecnologías de la información y la comunicación ocupan gran parte de nuestro día. ¿Tienen tiempo las personas para reírse junto a otras «personas reales» o la virtualidad es la que manda? ¿Deberíamos reírnos más? ¿Deberíamos reírnos más de nosotros mismos? – Tengo la impresión de que reímos bastante, pero menos de lo que desearíamos. Sobre todo, necesitamos más de la risa que proviene de la alegría compartida ante la aceptación de nuestras limitaciones humanas y no de aquella que nace de la intolerancia. En esta era digital donde nuestro contacto con el mundo se ha mediatizado, ha aumentado al mismo tiempo nuestra necesidad de encuentros presenciales significativos.

Para poder reírnos con otros necesitamos aceptarnos profunda y mutuamente tal como somos, ya que el humor es, en cierto sentido, una celebración de nuestros defectos. Reírnos de nosotros mismos es una importante y efectiva habilidad de afrontamiento de la vida, permite experimentar las dificultades de un modo menos amenazador y desdramatizar los problemas cotidianos. Esa capacidad de autocrítica es de por sí un buen indicador de salud mental.

La capacidad de ver el lado positivo de situaciones adversas o conflictivas también refleja un mayor grado de apertura hacia los demás. Bernard Shaw dijo que los espejos se emplean para verse la cara y el arte para verse el alma. Creo que hoy necesitamos más arte y menos espejos. Entrevista realizada por el Lic. Martín Kalenberg